Luz tenue que me asoma a la oscuridad.
Oscuridad plagada de sombras que acechan tu presencia.
Presencia que se desvanece con el tiempo.
Tiempo del que no dispones antes de tu muerte.
Muerte que te espera tras la luz, para dar paso a la eternidad.
Eternidad donde el tiempo no corre y que te persigue para llevarte de nuevo a una vida, donde algun dia, de nuevo te encontraras con esa luz tenue.
miércoles, 25 de febrero de 2015
lunes, 23 de febrero de 2015
Trio casual final
Abrí apresuradamente la puerta de mi casa y sin más preámbulos nos dirigimos a la habitación.
Mis labios se fundieron con los tuyos. Un escalofrío recorrió mi espalda y tu sabor entro en mí, como una brisa de verano que da un respiro a mis sentimientos. Poco a poco la intensidad de cada beso fue subiendo de tono. Nos invadía el fuego del deseo.
Tu boca y la mía jugueteaban. Mis manos se perdían recorriendo tu cintura y mis labios abandonaron tu boca para recorrer tu cuerpo. Con cada beso, dibujaba en mi mente un mapa de tu piel. La excitación fue creciendo más y más y cada gesto y cada gemido hacían que mis ojos prendieran de deseo.
Continué quitando cada una de las prendas de ropa que aún llevabas puestas y cada cm de piel al descubierto era una alegoría a mis sentidos. Por fin te tuve desnuda, tumbada junto a mí. Mis caricias te ponían a mil y yo podía ver el brillo de lascivia en tu mirada.
Tus pechos eran maravillosos, aunque pequeños eran completamente firmes y el color de tus pezones evocaba al chocolate, lo que me hizo llegar raudo a ellos para hacerlos deshacer en mi boca.
Con cada pequeño mordisco, tu cuerpo se estremecía y tu respiración se hacía mas intensa. Tus manos tiraban de mi camisa hacia atrás y por fin conseguimos dejar mi torso desnudo. No tenía ningún músculo marcado, pero tampoco había carnes de más en mí, tus manos acariciaban mi pecho y bajaban por mi vientre en busca de deshacerte de las pocas prendas que me quedaban. Al desabrochar mi pantalón, mi erección se hizo presente.
Terminé de quitarme la ropa y sujete tus manos en alto mientras me tumbaba encima tuyo, las sujete con una sola mano, mordí tu labio, tu barbilla, tu cuello y me pare de nuevo en tus pezones, quería de nuevo el chocolate tan exquisito que había tenido hace un instante entre mis labios.
Mi pene se introdujo en ti con un simple movimiento de caderas. Al sentirlo entrar, tus manos se soltaron de su prisión y en un breve ataque de placer, clavaste tus uñas en mi espalda. No tarde en reaccionar y una sonrisa pícara surgió de mi para dar una embestida fuerte y seca. Tu cuerpo se arqueo de placer, me paré un instante , te mire fijamente y arremetí de nuevo con fuerza una vez más. Tus manos cambiaron de destino y acabaron agarrando fuertemente mi culo, para poder ayudar en cada una de mis embestidas y sentirte dominante; pero no estaba dispuesto a que ganaras tú, me sentía fuerte y poderoso encima de ti. Seguía parado encima tuyo, sintiéndote apretar mi culo, cuando volví con otra embestida fuerte.
Tu querías que acelerara el ritmo, pero sentía como te calentabas cada vez más, como cada gemido era mas fuerte, como apretabas los dientes deseando morderme a mi y volví a dar otra embestida más.
Al final tus manos se clavaban en mi culo, hasta el punto de hacerme daño, pero la rabia contenida y la fuerza de mis embestidas te hacían gozar, era como yo quería que fuese y no podías hacer nada.
Finalmente te dejaste llevar y mis embestidas seguían siendo fuertes y pausadas, tus gemidos pasaron de susurros de voz ahogada a gritos de placer y en un momento te dejaste llevar hasta el éxtasis, mi cuerpo notaba las contracciones del tuyo y eso presionaba con fuerza mi pene, que deseaba estallar dentro de ti, así que aceleré el ritmo en el momento en que sentí como te corrías y prolongue tu orgasmo hasta que por fin mi cuerpo estalló junto a ti en un inmenso y placentero orgasmo.
Nuestros cuerpos sumidos en sudor cayeron el uno junto al otro, en silencio, tratando de recomponerse del esfuerzo y tras unos instantes me dijiste que tenías que explicarme las cosas que habían sucedido hoy.
Comenzaste a hablar mientras mi cabeza, aún seguía apoyada en tus pechos, y escuchaba atentamente.
- " Carlos, eres el primer hombre que me ha dado amor el primer día y quiero que sepas, que aunque yo quisiera corresponderte, es un imposible. Hace muchos años descubrí que el sexo para mi era una necesidad, soy ninfómana.
Me casé, porque en un descuido de juventud, mi marido y yo cometimos el error de no poner medios y nació mi hija. El quiso casarse a sabiendas que no le sería fiel, pero no quería perder a su hija y me tiene mucho cariño, pero jamás me quiso de verdad. El hace su vida y yo la mía, en casa nos comportamos como un matrimonio más e incluso tenemos sexo, pero sólo por mi necesidad. Creo que lo mejor es que desaparezcas de mi vida, porque no quiero hacerte daño, jamás podré ser tuya. "
Yo seguía en silencio, en la misma posición y llorando desde el alma, abrazado a ella. Sus palabras hacían eco en mi cabeza y tan sólo pude decir con voz ahogada, tratando de ocultar mi congoja.
jueves, 19 de febrero de 2015
El sueño del chat Final
Aquel día que decidí que mi meta sería intentar amarte, fué el primero de los días más felices de mi vida. Todo era maravilloso, de color de rosa, como se dice por ahí. Pero la realidad era aún mejor que lo que mis sueños podían llegar a imaginar.
Mis sentidos se repartían la tarea de enamorarte y hacer que cada encuentro y momento juntos fuera aún mejor que el anterior. Mi cabeza se ocupaba de dar sentido a mis palabras, o ya no se si eran mis palabras las que trataban dar sentido a mi cabeza.....? El caso es que cada parte de mi, se ocupaba de hacerte significar lo que mi corazón sentía por ti.
Cada sonrisa encontrada en tus labios revolucionaba mis neuronas, que se ponían en marcha para sacarte una segunda y una tercera. Que cada mirada, fuera más brillante que la anterior. Quería y necesitaba que nuestras almas se fundieran en una, que todo lo que trataba de comunicarte te llegara a través de cada gesto y que cada momento a tu lado fuera una experiencia nueva e inolvidable, que te hiciera desear que el tiempo que pasabas a mi lado se hiciera eterno, no acabara nunca y si se tenía que interrumpir, volara raudo para volvernos a encontrar.
El tiempo y mi tenacidad, consiguieron su objetivo. Conseguí enamorar a la dueña de mis sueños. Compartir con ella los momentos más felices y maravillosos de mi vida. Hicimos que nos envidiaran los sueños de toda la humanidad, porque ni todos juntos eran capaces de asemejarse a la intensidad de nuestro amor.
EL tiempo pasaba y nuestra vida se convirtió en eso, un sueño. Mi necesidad de ti, ahogaba mi voluntad y tu disfrutabas de ella. Pasaba el tiempo y cada día era más complicado sorprenderte con un nuevo gesto de amor.
Las ideas se iban muriendo. Las acciones te parecían repetitivas. Antes me decías que preferías una rosa cada día a una docena cada mes, pero al recibirla cada día, ya lo tomabas como una costumbre y no te parecía tan especial. El despertar para ti cada mañana, dedicarte los buenos días y mi mejor sonrisa, era para ti una rutina. El saberte amada y deseada por mi no te bastaba. Creo que mi dedicación a ti nunca palideció, simplemente te acostumbre mal y al final trajo sus consecuencias.
El chat donde nos conocimos, te sirvió de inspiración para dar de nuevo los mismos pasos que anduviste conmigo, en busca de una nueva victima, que se deshiciera cada día por darte y entregarte los mejores momentos de su vida. Al fin y al cabo, una vez creíste que el amor era de color de rosa y por suerte el amor tiene muchos más colores. Tu me enseñaste a amar y a dar lo mejor de mi y el chat que nos unió, nos separó para siempre, pero no cambiaría ni un sólo segundo de esos años vividos a tu lado.
El sueño del chat 1ª parte
Corría una mañana cualquiera y tras un tiempo chateando por fin iba a conocerte. Los nervios estaban a flor de piel. Tantas veces admirando tu foto y alegrándome las mañanas habían conseguido que el primer pensamiento matinal fuera tuyo. Cada vez que veía tu rostro y tu sonrisa se me iluminabas el corazón.
Salí de casa soñando ese primer encuentro y con el temor de que tras él, posiblemente sería el ultimo, que hubieras accedido por no aguantarme. Incluso con el temor que tan ni siquiera aparecieras.
Por fin llegue al lugar acordado. Mis corazón parecía un tren de mercancías a un ritmo vertiginoso y desde el otro lado de la acera te divise.
Ya no había vuelta atrás. Esperabas apostada en la puerta del metro. Aun recuerdo con claridad ese momento.
Mis manos humedecidas por el nerviosismo tenían ganas de abrazarte, pero debía ser cauteloso, asi que me acerque sonriente y tras un tembloroso y casi inaudible "hola" nos dimos dos besos.
Tu sonrisa era aun más dulce en la realidad. En ese momento pensé para mi, como podías ser aun mas bonita si cabe en la realidad. Dios!!!
Nos dirigimos en busca de un café´, donde dar rienda suelta a nuestra casi incansable verborrea. Te miraba y en cada palabra el brillo de mis ojos te indicaba claramente que me habías conquistado. A ti te notaba tranquila. Casi tanto que era como si me conocieras de siempre.
Pasó volando ese primer encuentro y cuando volvía a casa no podía pensar. Mi corazón y mi alma te deseaban. Mis pensamientos eran totalmente para ti y sentía la inmensa necesidad de saber si se repetiría. Aquel primer encuentro me hizo saber que queria más y que haría diabluras por conseguirlo.
Llegada la tarde por fin volvimos a chatear. Nos habíamos caído bien. Un desahogo hizo que mi cuerpo por fin pudiera relajarse .
Tras varios días mas hablando y seguir disfrutando de tu lado más dulce, por fin volvimos a quedar, pero esta vez fue a comer. El sitio era el idóneo y la compañía perfecta. Viniste radiante, como no cabía menos de esperar en ti. Uno de tus hombros se dejó asomar al quitarte la chaqueta y fue un momento tan sensual que en ese preciso instante te hubiera besado. Mis ojos no podían apartarse de tus labios, mi cabeza no paraba de soñarte y mientras te escuchaba, todos mis deseos estaban a tu merced. Mi mirada lo decía todo, sobraban las palabras. Simplemente haberte fijado en ellos, era mas que suficiente para saber que te necesitaba, que te quería para mi. Aunque no lo viste, en ellos estaba escrito el destino de mi corazón. Intentar amarte.
Salí de casa soñando ese primer encuentro y con el temor de que tras él, posiblemente sería el ultimo, que hubieras accedido por no aguantarme. Incluso con el temor que tan ni siquiera aparecieras.
Por fin llegue al lugar acordado. Mis corazón parecía un tren de mercancías a un ritmo vertiginoso y desde el otro lado de la acera te divise.
Ya no había vuelta atrás. Esperabas apostada en la puerta del metro. Aun recuerdo con claridad ese momento.
Mis manos humedecidas por el nerviosismo tenían ganas de abrazarte, pero debía ser cauteloso, asi que me acerque sonriente y tras un tembloroso y casi inaudible "hola" nos dimos dos besos.
Tu sonrisa era aun más dulce en la realidad. En ese momento pensé para mi, como podías ser aun mas bonita si cabe en la realidad. Dios!!!
Nos dirigimos en busca de un café´, donde dar rienda suelta a nuestra casi incansable verborrea. Te miraba y en cada palabra el brillo de mis ojos te indicaba claramente que me habías conquistado. A ti te notaba tranquila. Casi tanto que era como si me conocieras de siempre.
Pasó volando ese primer encuentro y cuando volvía a casa no podía pensar. Mi corazón y mi alma te deseaban. Mis pensamientos eran totalmente para ti y sentía la inmensa necesidad de saber si se repetiría. Aquel primer encuentro me hizo saber que queria más y que haría diabluras por conseguirlo.
Llegada la tarde por fin volvimos a chatear. Nos habíamos caído bien. Un desahogo hizo que mi cuerpo por fin pudiera relajarse .
Tras varios días mas hablando y seguir disfrutando de tu lado más dulce, por fin volvimos a quedar, pero esta vez fue a comer. El sitio era el idóneo y la compañía perfecta. Viniste radiante, como no cabía menos de esperar en ti. Uno de tus hombros se dejó asomar al quitarte la chaqueta y fue un momento tan sensual que en ese preciso instante te hubiera besado. Mis ojos no podían apartarse de tus labios, mi cabeza no paraba de soñarte y mientras te escuchaba, todos mis deseos estaban a tu merced. Mi mirada lo decía todo, sobraban las palabras. Simplemente haberte fijado en ellos, era mas que suficiente para saber que te necesitaba, que te quería para mi. Aunque no lo viste, en ellos estaba escrito el destino de mi corazón. Intentar amarte.
Trío casual 2ª parte
Miguel agarró a Marían de la barbilla y la beso apasionadamente, se despidió de ella y me dijo un adiós seco.
Mi impavidez seguía igual, el estado de congelación de mi cerebro y mi cuerpo me habían dejado en blanco y ella seguía agarrada a mi mano. De golpe me sacó de mi letargo con sus palabras.
-" Creo que no ha sido buena idea proponerte esto, te has quedado mudo, siento haberte metido en tal lio". Por fin reaccioné y le pedí tiempo para pensarlo, ella me suplicó que no me fuera ahora, que no saliera espantado y charláramos un rato. Acepté sin más. Era la única bala, como dije antes, para tenerla para mi.
Durante la charla ella evitaba entrar en pormenores sobre el asunto y en cambio yo quería hasta los mas mínimos detalles de todo. Cuando y donde le conoció, quien era su marido y porque yo, para meterme en medio de una relación.
Ella me pidió que no habláramos de ello y tras varias supliques acepté a regañadientes.
Entonces simplemente se dedicó a hacerme ver que llevaba tiempo fijándose en mi, en mi manera de observarla, en mis ojos clavados en ella a cada paso que daba. Me contaba las veces que ansiaba que me acercara a ella y la cogiera entre mis brazos y la llevara a un lugar perdido donde sólo existiéramos nosotros.
Veía el amor en mis ojos, y decía que la intensidad de mi mirada nunca, jamás, la había visto en los de Miguel o su marido y entonces, sin apartar la vista de mis ojos, me hizo una pregunta. - ? Tú me quieres? ?.
No tarde mucho en contestar. Creo que en la vida había tenido algo tan claro como ahora y sin dudar un sólo segundo, contesté que sí, que no sólo la quería, sino que la llevaba soñando toda una vida en exclusiva para mi y ahora estaba perplejo, porque podía tenerla, pero sería compartida con dos personas más.
Eso me volvía loco, yo era celoso y aunque siempre imaginé que si llevabas a tu hijo al colegio, habría un marido de por medio, siempre rezaba, porque no existiera, que fueras divorciada, viuda o cualquier cosa, me era indistinto, pero te quería para mi.
Tu primera reacción fué darme un beso, profundo y lleno de sentimientos, tan necesitada estabas de amor, que mis palabras hicieron que mientras me besabas una lagrima cayera de tus ojos y mientras yo te la secaba dulcemente con el dorso de mi mano, no me atrevía mediar palabra alguna, por temor a ahondar en una herida ya abierta.
Nuestra conversación enmudeció del todo y tras unos instantes así, te levantaste y me dijiste que te tenías que ir. Saliste disparada de la cafetería y yo, tras pagar con prisa los cafés, salí en tu búsqueda. Esto no podía quedarse ahí, así que tras cruzar la puerta de la cafetería mire de un lado a otro en tu busqueda, deseando poder encontrarte y así fue.
Caminabas con paso firme y rápido cuando paraste un taxi y casi no me dio tiempo a llegar cuando te agarre del brazo y te plante el beso más intenso que se pueda haber dado a nadie.
Nuestros labios se encontraron con brusquedad, pero a la vez apasionados, tu cuerpo se estremeció junto al mio, mis manos sujetaban fuertemente tu cintura y te atraían hacia mi con deseo y miedo de separarme de ellos. No quería que al hacerlo te metieras en el taxi y salieras huyendo, quería poseerte y estaba decidido a ello ahora y sin más dilación, así que te metí en el taxi y sin dejarte mediar palabra, le día al taxista mi dirección. Por el camino, no parábamos de besarnos, el ansía por llegar y la lujuria se reflejaba en cada beso, cada gesto. El taxi llego en un santiamen, no vivía lejos, así que le pagué y subimos al ascensor. Nada más cerrarse las puertas, ella me empujo fuertemente contra la pared del mismo con un endiablado mordisco en mi labio inferior y comenzó a desabrocharme la camisa. Sus besos y mordiscos eran incesantes, sus ojos radiaban deseo y cuando acabo con la camisa, continuó con el cinturón del pantalón. No tardó en llegar a la cremallera y dejar que afluyera mi enorme capullo deseoso de sus labios. Ella estaba dispuesta a todo y sin más dilación se abalanzó sobre él, dándole un fuerte lametazo, mi cuerpo se estremeció y me obligó a dar un pequeño gemido. Sus labios rodearon mi glande dispuestos a succionar me el alma y comenzó a dar pequeños movimientos pausados sin apartar su mirada de mis ojos. Quería saber que yo disfrutaba y quería verme. Cuando ya no podía aguantar más, me levanté, me fundí de nuevo en sus labios y apreté el botón de stop del ascensor.
Me deshice de sus braguitas tirando delicadamente hacia abajo de ellas y junto a ellas me llevé el pantalón. Mi boca delicadamente observaba su contoneo. Me pedía a gritos que la hiciera mía. Me agarró con fuerza del pelo y me apretó contra su sexo. Mi lengua comenzó un eterno juego alrededor de él, mis manos se sujetaban con firmeza a las nalgas de su culo y el estallido de placer no tardó en hacerse llegar. Sus piernas flojearon por un instante y cayo junto a mis pies, sudada y extasiada. Se abrazó a mi y con la voz aún temblorosa de la extenuación del momento susurró
- " Por favor, quiéreme siempre. Enamora me y hazme sentir lo que es el amor. "
Nos vestimos, o al menos nos tapamos como pudimos y volví a pulsar el botón de mi piso. El ascensor retomó su camino y yo me deshacía por llegar a casa para por fin tenerla para mi.
Trío casual Iª parte
Que gracia me hacía ver a todas las madres llevar a los niños al colegio y tras dejarlos, todas se reunían en el bar a poner a parir a sus maridos y a criticar a las demás madres. Pero tu eras diferente. Nunca entrabas al trapo, ni tan siquiera tomabas café en el mismo bar, tú te alejabas lo suficiente de ellas, para no acabar en la misma rutina devastadora de serpientes bífidas.
Mientras, yo, como cada día te observaba en las sombras. Escondido, pero visible, aunque no para tus ojos. Cada día seguía tus pasos, desoyendo a mi cabeza y a mis ideales. Siempre me habías gustado y no sabía como acercarme a ti.
Por fin ese día me decidí a dar el primer paso. Me jugaba mucho en ello, porque sino me salía bien, ahora ya si sería visible a ti cada mañana y estoy seguro que sería la única bala posible para mi. Tu eras guapa, estatura media y delgada. Tenías un buen culo, no muy grande, pero respingón, tus pechos no llamaban la atención por su tamaño, pero a mi me gustaban tal cual. A veces me preguntaba si por un casual, alguna vez te habías fijado en mi y me imaginaba a ti describiéndome a mi. Flacucho, moreno, mas bien alto y del montón. Lo único que merece la pena de él son sus ojos. En la cafetería siempre la misma rutina, pedías un café y un vaso de agua, sacabas las pastillas que estuvieras tomando y lo primero te tomabas una, dejabas el café enfriar y al acabarlo tomabas otra.
Allí pasábamos las mañanas, juntos en la distancia, yo imaginando absurdas conversaciones con las que pretender embaucarte y de las que jamás imaginé podrían llegar a su ser. Aunque mi grandilocuencia y mi desmedida verborrea eran capaces de mucho, tu me hacías enmudecer.
Justo cuando iba a pasar a la acción, un hombre de mediana edad, entro en la cafetería. Tu saludo para con él, te delató. Era tu pareja, marido, amante o como mierdas quieras llamarlo. Mi autoestima se vino abajo de golpe, con todo lo que me había costado decidirme a decirte algo y justo hoy tenía que aparecer él.
Se sentó junto a ti, no soltaba tus manos y no apartaba los ojos de los tuyos, se os veía muy enamorados, pero justo en un instante, me hubiera gustado parar el tiempo ahí, tu mirada se cruzó con la mía y sino mal me pareció ver me dedicaste un guiño. No me lo podía creer. Tu no volviste a cruzar mas tu mirada con la mía que buscaba ansioso de nuevo cruzar con la tuya, hasta el punto de que él se dio cuenta y se levantó en dirección a mi.
No sabía como disimular, donde meterme y aún menos como reaccionar. No tardó mas de dos segundos en estar frente a mi y sin apartar la mirada de mis ojos me dijo que si me gustaba lo que veía.
Me hice el sorprendido, le dije que de que me hablaba y el insistió firme, retándome con su mirada. Al final tras unos segundos de un silencio tenso, le respondí que si. Pero que no miraba con maldad alguna, sino porque me daba envidia ver una pareja tan enamorada.
Su sonrisa estalló al punto de acabar mis palabras y se desternillo delante de mis narices. Tu te acercabas lentamente, sonriendo y sin apartar la vista de mi. Cuando hiciste la aparición el se presentó y te presentó para mi.
-"Soy Miguel y esta chica tan espectacular es mi pareja, Marían. Tú como te llamas?".
Mis boca no articulaba palabra alguna, sólo temblaba y no sabía que hacer, cuando de nuevo el me interrumpió.
- "No tienes nombre?. Tranquilo majete, simplemente bromeaba, ella me dijo que no nos quitabas la vista de encima y me gusta poner nerviosa a la gente."
Por fin reaccioné y con la voz aun apagada mi garganta me presenté. -"Soy Carlos, un placer."
Te acercaste a mi antes de que Miguel pudiera estrecharme la mano y me diste dos besos, mientras en uno de ellos me susurraste algo que no pude entender. La situación aunque tensa, se fue disipando con las explicaciones por ambas partes de lo sucedido.
Mientras tomábamos un café de nuevo, esta vez juntos los tres, Miguel iba, entre risas aún, comentando la broma y yo me terminaba de tranquilizar, cuando de repente y sin más tú me volviste a ponerme en una situación muy comprometida.
-" Porqué me sigues últimamente y porqué me miras con esos ojos de deseo? ".
Yo creí que me moría, no puede ser que esto me esté pasando a mi. Tierra trágame!!, era el pensamiento que se me sobrevenía la cabeza y tras un leve instante, me eché a reír y te dije que ya valía de tomarme el pelo.
Tu mirada reflejaba que esta vez la cosa no iba de coña, que la pregunta era real y esperabas con ansía mi respuesta. La situación era caótica y desesperada para mi.
Miguel no apartaba la mirada de mi y esta vez su semblante no dejaba entrever sonrisa alguna. La tensón era grande y mi hombría se escondía cual cobarde entre mis labios, hasta que por fin me atreví a decir.
- " Me gustas mucho y siempre pensé que tal vez tu y yo .........., pero ya veo que es un imposible y que tienes pareja y os pido disculpas los dos, hasta hoy nunca lo supe y ade......."
Miguel interrumpió mi discurso de perdón y me pidió que callara un momento. Tus ojos clavados en los míos me asustaban, Miguel siguió con su intención de hablar cuando tu le interrumpiste a el y en ese momento me sujetaste la mano.
- " Sabes?, Miguel y yo no somos pareja estable, es mi amante y siempre lo hemos llevado a hurtadillas. Le conté que había un hombre que me seguía cada mañana y sospeché que te enviará mi marido, primero debía averiguar que no era así. Y ahora que ya lo tengo claro, sigo contándote. Miguel y yo disfrutamos de una relación abierta y muy especial, tu me gustas y quería que él te conociera, quería su aprobación, y creo que me la ha dado. Quiero..., o mejor dicho queremos que tu y yo..., vamos..., mejor dicho nosotros tres..... En fin, me entiendes? "
Aquí si que enmudecí de golpe, su mano seguía agarrando la mía y mi cuerpo y mi mente estaban paralizados. Trataba de recopilar datos y saber a que se refería y que no estaban jugando conmigo. De repente tu boca se fundió con la mía en un beso pasional y lleno de lascivia, tus dientes arrastraron mi labio inferior tras separarse de ellos. Y por fin Miguel hablo claro.
- " Queremos un trío en toda regla, donde los juegos sean de tres y mirar como te la follas a ella, quiero veros, que nos mires y si te apetece también tu y yo podemos intentar algo para ella, aceptas? . Si te apetece, sabes donde encontrarla y sino será cosa vuestra, tu decides, pero yo ya me tengo que marchar. Os dejo solos. "
Por fin mio
Llevaba un año acudiendo fielmente a la misma cafetería y como cada mañana, ahí estabas tu. Con un semblante serio que sólo se te iluminaba cuando me veías aparecer y me seguías con tu mirada.
Recorrías cada paso que daba con una mirada lasciva y eso a mi me excitaba, me hacía sentirme deseada, pero se que tras esa mirada había mucho mas que deseo.
Yo también fantaseaba con tenerte para mi, arrancarte una sonrisa y cambiar ese gesto con el que cada día te encontraba, despejar mis dudas de si lo nuestro se quedaría tan sólo en un cruce de miradas e insinuaciones.
Una mañana cuando llegué a la cafetería, esperaba encontrar tu sonrisa y tu mirada de nuevo clavada en mis pasos, pero ese día no estabas. Tomé mi café y baje al baño antes de salir disparada al trabajo, llevaba tiempo esperándote y al final se me hizo tarde.
Abrí la puerta del baño y ahí estabas tú, yo me quedé paralizada, perpleja y sin reacción alguna. Clavaste tu mirada en la mía, estaba llena de deseo. Te acercaste a mi lenta, pero firmemente. Tu mano rodeo mi cintura y me atrajo hacia ti, con un pequeño esfuerzo vano, lograste besar mis labios. Tu paso firme y tu decisión me excitaba, por fin se convertía en realidad uno de mis más obscuros deseos. Tus labios se fundieron con los míos en un instante y mi cuerpo se estremeció al sentir por fin en mi el sabor a ti. Desabroche con ansía el botón de tu pantalón y el deseo porque me hicieras tuya me sumió en el lado más lascivo.
Tus manos levantaron mi falda, desgarraste mis medias, me levantaste en vilo con la intención de hacerme tuya allí mismo. Tu boca no paraba de recorrer mi cuello y me llevaste contra la encimera de mármol de los lavabos, sentí el frió mármol en mis nalgas a la par que notaba el calor de tu miembro presionando mi bajo vientre.
De repente un ruido hizo que me soltarás y salieras corriendo de los lavabos. me dejaste descompuesta y caliente en aquel lavabo, justo cuando la camarera hizo aparición en los mismos.
Volví a casa frustrada por el desencuentro de la cafetería. La inoportuna llegada al baño de la camarera había truncado de golpe mis fantasías. Saliste corriendo y no sabia si te atreverías a volver a la cafetería como cada martes.
Sentía miedo y pavor porque no lo hicieras. Un nudo en la boca del estomago me hacia presagiar que así seria.
Mi corazón aun latía a un ritmo acelerado, mis labios aun sabían a ti, mi cuerpo me lo habías robado. Era tuyo. Te ansiaba y deseaba tanto que mi mente se perturbaba tan solo con el recuerdo.
Caminaba absorta por la calle en dirección a mi casa. Mi mirada estaba perdida en mis pensamientos. La gente me saludaba y yo ni me enteraba. Llegue al portal. Abrí la puerta y una mano sujeto mi boca en la obscuridad. Tu olor lleno de felicidad mi corazón. No te veía, pero no me hacia falta.
Un mordisco en mi labio inferior hizo que me estremeciera hasta la saciedad. Mi cuerpo reflotó de nuevo, la felicidad me invadía. La pasión me hacía desearte hasta lo mas hondo de mi ser.
Me cogiste en brazos y me subiste por las escaleras mientras mis manos se abrazaban a ti con la fuerza y el temor de que desparecieras de nuevo, y la suavidad y el encanto de abrazar a la persona deseada.
No se como ni porque conocías mi dirección y mi piso, pero no me importaba en absoluto, tan sólo quería ser tuya por fin. Abriste la puerta y mi boca no conseguía despegarse de la tuya. Los besos eran ardientes, llenos de pasión y deseo.
Me llevaste a mi cama y me tumbaste sobre ella. Mis piernas recibieron a la tuya donde se quedo en los aseos del restaurante. Mi cuerpo sentía correr la sangre por cada una de mis venas hasta llenar y sonrojar mis mejillas. La excitación superaba los límites y tu cuerpo era puro fuego. Tus manos recorrieron cada una de las curvas de mi cuerpo, dibujando un mapa de cada una de ellas en tu cabeza. Tu lengua prosiguió por cada uno de los sitios por los que habían pasado tus manos y mientras ellas arrancaban el resto de las prendas que aún me quedaban puestas tu lengua conseguía que mi piel se erizase y un sin fin de sensaciones recorrieran lo mas hondo de mi ser. Mi cuerpo era un mar de sensaciones trepidantes, cada caricia tuya me hacía suspirar fuertemente y tu cuerpo el mío cada vez se fundían más en uno.
Por fin acabaste dejándome desnuda ante ti, de golpe paraste y me dejaste encima de la cama, me dijiste que necesitabas admirar tal belleza antes de hacerme tuya, mi tez se sonrojó y tus manos apartaron las mías de mis pechos, te tumbaste encima mía y empezaste a penetrarme sin apartar ni un solo instante la vista de mis ojos. Comenzaste a moverte despacio y pausadamente, el movimiento no era continuo, parabas dentro de mi mientras admirabas como mis jadeos subían de intensidad. Disfrutabas viéndome gozar, elevabas mi temperatura y mi cuerpo te pedía cada vez con más ansia que te movieras más rápido, pero tú no lo hacías. Me tenías rendida a tus movimientos, totalmente sumisa para ti y en tu mirada cada vez se encendía más el fuego de la pasión. Tu cuerpo era perfecto, te movías con tal precisión que en cada embestida conseguías casi que llegara al orgasmo. De golpe abrí los míos y al encuentro con los tuyos el fuego nos sumió a ambos en una carrera desesperada por llegar al orgasmo juntos, tus embestidas seguían lentas, pero ya no hacías pausas dentro de mi, poco a poco se iban acelerando y la respiración le seguía el ritmo. Tu cuerpo sudado encima del mío estaba ardiendo, el fuego nos invadía y por fin llegamos a lo más intenso del clímax. Sin despegar nuestras miradas llegamos al orgasmo en un mar de jadeos sordos que nos hicieron caer rendidos.
Por fin nos habíamos amamos hasta la saciedad, encontrando en cada una de tus caricias el cielo y por cada arremetida un trozo de infierno del que cada instante me enamoraba más.
Al acabar entre susurros y mientras seguía abrazada a ti, te susurre mi nombre y tu susurraste el tuyo. El encuentro de ambos fue mágico y me hizo despertar de mis sueños totalmente impregnada en un olor intenso a ti.
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