Despertaba la luna de su sueño, acompañado de la luz de tu mirada.
Tus ojos la querían poseer.
Sentada junto a la ventana veías como se llenaba cada día mas y llenaba tus ojos de dulzura. Mis brazos abrazaban tu cuerpo, rodeándolo con mis manos y haciendo que cada susurro en tu oreja hiciera que tu piel se estremeciera mas. Mis labios besaban cada centímetro de tu cuello, provocando sensaciones entrañables en todo tu cuerpo.
Te cogí entre mis brazos y te lleve a la cama.
Tus manos abrazaron mi cuello y el brillo de tus ojos se derramo sobre los míos.
Te deposite despacio sobre las sabanas de raso, que envolvieron tu cuerpo como queriendo hacerlo suyo. Tus labios iban a pronunciar palabras, cuando uno de mis dedos se puso sobre ellos obligándote a callar. Eran rojos, intensos y de color carmesí. Dulces y delicados.
Mi dedo jugueteo con ellos y continuo un viaje eterno recorriendo tu barbilla.
Tu cuerpo se estremecía. Siguió bajando, casi sin tocarte, pero con un rumbo cierto.
Bajo lentamente entre tus pechos hasta topar con el primer botón. Se ayudo de otro y lo consiguieron desabrochar. Tras él, le siguió un beso en el hueco que se abría dando paso al segundo botón. Era de una sensualidad extrema verte retorcerte en cada beso.
Tu deseo porque siguiera era maravilloso.
Llegue al segundo botón, mis dedos hicieron el trabajo a la perfección y tras ellos mis labios. Como una caricia besaron el hueco nuevamente abierto. Al deshacerme del tercero tu torso quedo al descubierto dejando en mi retina la visión mas hermosa.
Tu cuerpo se contoneaba ansioso por el mio. Tu respiración se aceleraba y mis manos se abalanzaron a desabrochar el único botón que me separaba del placer. El de tu pantalón.
Me detuve con mis dedos en él. Tu cuerpo ansiaba que siguiera, pero quería esos labios ardientes para mi. Eran puro fuego. Ver como te mordías el labio inferior me hacia quemarme. Arder en un infierno delicioso.
Quería estar ahí. Entre tus dientes. Ser el mordido. Ser yo quien disfrutara tu mordisco y que me llenaras de ese deseo y fuego del que tu cuerpo se alimentaba.
Mi boca se acercaba plácidamente a ellos y tu cuerpo tiraba inconsciente de mi para que continuara mi viaje. Era maravilloso poder estar contigo, decidí dejarte comiéndote a ti misma y baje a retomar mi viaje por tu cuerpo. Mis manos se deshicieron de los botones con gracilidad y mi boca acompañaba con un beso cada uno. Un olor penetrante a ti me impregnaba.
Tire del pantalón y se deslizo por tus caderas suavemente. Mi boca emprendió un corto y placentero camino hasta la tira de tus braguitas. Era el cielo postrado ante mi y el infierno te estaba quemando a ti.
Que curioso estar tan cerca de ambos y desearlos.
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